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A 30 AÑOS DE LA VUELTA AL FESTEJO CON EL PRIMER AMOR

Con el triunfo del 15 de diciembre de 1985 en La Plata, Roberto Mouras cerraba una etapa dorada en su carrera deportiva. Tres títulos consecutivos y 22 triunfos sellaban una campaña fantástica con Dodge, marca a la que se había mudado unas temporadas antes (1979) por el cierre de la fábrica Chevrolet en el país.

Sin embargo, el Toro encaró la temporada 1986 con la premisa de regresar a la marca del Moño, esa que le había permitido ganarse el cariño de la gente y cuyo arraigo era más fuerte que cualquier otra cosa. En la tercera fecha de Bahía Blanca, y con el 1 en los laterales, el de Carlos Casares se presentó con una Chevy azul y blanca preparada por Pedersoli y Wilke.

Muchos abandonos hicieron que el éxito se hiciera desear, pero llegó con la primavera de ese 1986, en Olavarría, diez meses después de aquella victoria con el modelo del Carnero.

“Tener una buena actuación con Chevrolet es como tener cinco buenas con Dodge”, dijo Mouras en esa ocasión, para terminar de meterse a los hinchas del Chivo en el corazón. La aventura del Toro con Chevrolet siguió hasta el trágico domingo en Lobos.

Nunca pudo colocarse la corona con la marca de sus amores pero la idolatría de los fanáticos va más allá de la obtención de un campeonato. Y se agiganta con el paso del tiempo.

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